EL FINAL DE UNA VIDA

En la vejez se vislumbra claramente el final de vida y, por lo tanto, se manifiestan sentimientos que van unidos a la necesidad de perdón, reconciliación, culpa, afirmación de valores y preguntas existenciales.
Esta “obsesión” por la muerte nos agota y exaspera, pero debemos entender que es coherente con el final de una vida, en el que las dudas asaltan.
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Podemos positivar esta obsesión procurando reconfortar, dar esperanza y sentido a la vida “vivida”. Debemos facilitar su expresión, valorar la relevancia que tiene.
Para ello tenemos una aliada excepcional que en ocasiones rechazamos. Muchos abuelos son católicos practicantes y la Iglesia les proporciona una respuesta muy elaborada y efectiva. Lo mismo lo podemos aplicar a otras confesiones. Pero el  rechazo a lo religioso  nos hace torpes, y no pensamos que las respuestas no son para nosotros sino para el abuelo: si a él le reconforta, a nosotros qué más nos da.
Invitarle a hablar con el cura o acompañarle a una misa no nos cuesta nada, y a cambio podemos ganar tranquilidad en casa.

Acerca de Paco Vicente Toral

Postgrado en metodología de las técnicas de Counselling.
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