EL ARTE DE LA “AQUIESCENCIA METODOLÓGICA”

Esta técnica es infalible para las conversaciones que giran entorno a ideas delirantes y “el rollo de siempre”.
Cuando hablo de “ideas delirantes” me refiero a aquellas ocasiones en las que nos salen con una historia inventada; normalmente les ocurre a las personas que tienen pérdida de memoria.
Sobre el “rollo de siempre” creo que no hay mucho que explicar: esos viejos problemas de familia que tanto les encantan a nuestros viejecitos y que a nosotros nos la traen al pairo.
La técnica es sencilla. En cuanto detectamos este tipo de conversación no vamos a hacer el mínimo esfuerzo por procesar la información: no discutiremos sobre su veracidad; ni haremos valoraciones respecto a la misma; no le recordaremos que es la décima octava vez que nos la ha contado… Nos limitaremos a:
  • Poner cara de interés;
  • Utilizar monosílabos o frases cortas que indiquen que estamos escuchando: “sí”, “bien”, “ya”, “te entiendo”, “claro” …
  • Marcar un tiempo máximo de escucha, según la resistencia personal: diez minutos, quince minutos,… En cuanto se cumpla el tiempo, hay que tener cualquier excusa preparada para cortar la conversación, mostrando fastidio por tener que dejar la “apasionante conversación”.
  • Si se nos pregunta sobre la cuestión, responder mediante la formulación de una pregunta. Por ejemplo:
    • Abuelo: ¿A ti que te parece?
    • Nosotros: “No sé, ¿tú cómo lo ves?”

Parece absurdo, pero funciona.

  • Mostrar interés en la conversación devolviendo lo escuchado con las mismas palabras:
    • Abuelo: Y me dijo que yo no tenía razón respecto al tema del piso.
    • Nosotros: Entonces te dijo que no tenías razón respecto al tema del piso.

Parece una chorrada, pero fíate: también funciona.

No os confundáis: no consiste en dar la razón como a los tontos. Si actuáis así sólo conseguiréis que se ofendan más y aumentaréis el nivel de mosqueo.
Aquiescencia tiene que ver con asentir. Para qué vamos a discutir sobre algo que no tiene sentido o no tiene discusión. Nuestra postura es aceptar el discurso. Hemos hecho un esfuerzo por escuchar. El contenido de la información, en este caso,  no es útil para el objetivo de hacer que el abuelo se sienta escuchado.
Él feliz y nosotros más tranquilos.
El tema del tiempo es fundamental. Por ejemplo: Si tengo que hablar por teléfono una vez al día con mi padre, ¿no voy a ser capaz de aguantar veinte minutos sin entrar al trapo? Pensad en la felicidad de colgar y no estar de mala leche toda la noche; hacer desaparecer la ansiedad de tener que volver a llamar al día siguiente y  volver a discutir con él.

Acerca de Paco Vicente Toral

Postgrado en metodología de las técnicas de Counselling.
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